Publication: Promoción de conductas prosociales en adolescentes de San Juan: análisis de los efectos de una intervención multicomponente.
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Universidad Católica de Cuyo, Facultad de Filosofía y Humanidades.
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En la actualidad, los valores individualistas impulsados por el modelo capitalista y occidental atraviesan el mundo, incentivando generalmente comportamientos competitivos basados en la lógica de la disputa por ganar, negar o anular al otro afirma Juárez (2015). Este modelo de pensamiento en ocasiones puede afectar de forma negativa las relaciones interpersonales, ya que propicia que se obstaculice la construcción de vínculos empáticos y se vean desplazados los comportamientos solidarios (Juárez, 2015). En este contexto, pensar en la prosocialidad, entendida como aquellos comportamientos tendientes a ayudar o beneficiar a otros individuos (Rodríguez, et al., 2017) no resulta sencillo. Sin embargo, se vuelve necesario comenzar a plantear formas alternativas frente a los efectos alienantes de una cultura centrada en el éxito individual y así posibilitar el cambio de estos escenarios (Juárez, 2015), en miras de fomentar conductas prosociales que promuevan desde etapas tempranas actitudes de solidaridad, cooperación, tolerancia y ayuda hacia los demás (Pacheco et al., 2013).
Particularmente, si dirigimos la mirada hacia la adolescencia, las conductas prosociales adquieren matices aún más complejos. Autores clásicos como Grosser Guillén (2006) definen a la adolescencia como una etapa fundamental del desarrollo subjetivo, caracterizado por procesos de construcción de identidad y búsqueda de figuras de identificación, como personas, ideologías o palabras, por ello es común observar a los adolescentes ensayando posturas y posiciones. Los inicios de la adolescencia, en particular, se ha identificado por la mayoría de los estudios como una etapa marcada por perturbaciones transitorias en múltiples áreas. (Martínez González, et al., 2010).
Autores contemporáneos como Mytton et al., (2024) entienden también esta etapa como un momento de transformaciones intensas a nivel físico, cognitivo, social y emocional. Por esta razón, durante este periodo, pueden emerger conductas vinculadas al riesgo (Mytton et al., 2024) ya que se trata de una etapa atravesada por nuevas experiencias que despiertan emociones y situaciones desconocidas, lo que transforma la forma en que los adolescentes perciben la vida, el entorno y sus valores (Almarales et al., 2023).
En este proceso de maduración y estructuración, la conducta prosocial es susceptible de adquirir un valor fundamental. Para ello, se requiere de un desarrollo más complejo, en el que se hace necesario cierto nivel de maduración de la persona para manifestarse de forma estable ya que está vinculada a procesos de razonamiento moral y al desarrollo sociomoral (Rodríguez et al., 2017). Se reconoce entonces que, con el acompañamiento adecuado en la adolescencia temprana, puede consolidarse como una herramienta valiosa para el bienestar individual y colectivo, así como también para alcanzar un mejor rendimiento académico y desarrollar relaciones de amistad más satisfactorias (Martínez et al., 2010).
De esta manera, las conductas prosociales especialmente en etapas tempranas de la vida requieren de un refuerzo constante por parte de la sociedad. Lo que permitirá garantizar un buen desempeño social y afianzar la seguridad del sujeto, ya que será este fomento con el transcurrir del tiempo el que logrará traducirse en un crecimiento humano más integral en todas sus dimensiones (Cornejo, Zambrano & Chila, 2024).
Diversas investigaciones coinciden en señalar que el desarrollo de conductas prosociales podría llegar a actuar como un factor protector de la salud mental en los adolescentes, dado que esta podría proteger del surgimiento de conductas desadaptativas (Mesurado, 2014). En otras palabras, la prosocialidad y la capacidad de ponerse en el lugar del otro podrían actuar como factores protectores frente a respuestas agresivas y sintomatología depresiva (Mestre, Mesurado & Samper, 2014).
En este sentido, adquiere relevancia el poder fomentar la prosocialidad durante la adolescencia, por ejemplo, mediante intervenciones grupales orientadas a la promoción de conductas prosociales, con el objetivo de potenciar recursos personales y favorecer un desarrollo psicosocial saludable. Tal como Distéfano (2019) explica, la adolescencia es un periodo propicio para fortalecer diversos recursos y competencias, entre ellos, la preocupación por el bienestar de los otros. Las conductas voluntarias orientadas a ayudar a individuos o grupos pueden actuar como factores de protección frente a situaciones adversas, y funcionar como herramientas preventivas frente a la agresividad y violencia social (Distéfano, 2019). Por ello, resulta importante entender de qué manera pueden implementarse estrategias adecuadas para favorecer la salud mental de los jóvenes, especialmente en aquellos que provienen de contextos desfavorecidos (Landeros, 2024).
Particularmente, el contexto argentino se encuentra atravesado por una situación económica desfavorable, esto se observa, en cifras oficiales a nivel nacional (Instituto Nacional de Estadística y Censos [INDEC], 2025) con un 31,6 % de la población bajo la línea de pobreza durante el primer semestre de 2025 porcentaje que significa un total de 9,5 millones de personas. Durante el mismo año, el 45,4 % de los niños y adolescentes de 0 a 14 años eran pobres por ingresos. Así Sione (2024) afirma que la persistencia y la intensidad de la pobreza será la causa que restringe la igualdad de oportunidades y evidencia el fracaso de ciertas políticas. Esto representa nuevos desafíos, entre ellos, orientar el diseño de políticas públicas que contemplen y apuesten por una mejora en la calidad de vida de la población en situación de pobreza (Sione, 2024), ya que es allí donde se encuentra la mayor cantidad de personas marginadas sin orientación, ni bases adecuadas para un desarrollo saludable (Ortiz López, 2021).
Es en este contexto que, desde el Atlantic Institute, en conjunto con el Instituto de Investigaciones en Psicología Básica y Aplicada (IIPBA) de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Católica de Cuyo, y con el apoyo del gobierno de la provincia de San Juan, durante el periodo 2023-2025 se llevó a cabo el proyecto PILOT “Making a Way out of no Way”. El objetivo principal de este proyecto fue crear e implementar una intervención integral y multicomponente, que combine la formación musical, la educación basada en valores, y la promoción de la salud cerebral para impactar positivamente en comunidades vulnerables de la provincia de San Juan.
Así, el presente trabajo final de grado se llevó a cabo en el marco de este Proyecto PILOT “Making a Way out of no Way”, desde el programa de investigación “Pobreza, desigualdad e inclusión social”, dependiente del Instituto de Investigaciones en Psicología Básica y Aplicada (IIPBA). Junto con otros estudiantes e investigadores de dicha Universidad, se participó del planeamiento y ejecución del proyecto PILOT, desde el rol de tutores y embajadores. De esta forma, los resultados que se presentan en este trabajo corresponden a resultados parciales y preliminares obtenidos en el marco del mencionado proyecto macro, bajo el interrogante ¿es posible promover la prosocialidad en adolescentes en situación de vulnerabilidad socioeconómica de San Juan, mediante una intervención multicomponente?
Description
Keywords
PSICOLOGÍA DEL ADOLESCENTE, EMPATÍA, RELACIONES INTERPERSONALES, ADOLESCENTES-ASPECTOS SOCIOECONÓMICOS, PRUEBAS Y MEDICIONES EDUCATIVAS
Citation
Del Río Gómez, A. (2025). Promoción de conductas prosociales en adolescentes de San Juan: análisis de los efectos de una intervención multicomponente (tesis de grado). Facultad de Filosofía y Humanidades. Universidad Católica de Cuyo, San Juan, Argentina.